martes, 10 de marzo de 2009

De un estado a otro

Y si es así, como animal social que somos, nuestra forma de pensar no es nuestra si no adquirida, y no tenemos creación propia, si no un camino fijado por el cúmulo de experiencias que hemos tenido y nos han marcado. Ideas asimiladas y la forma de pensar de un "ente" social que nos rodea en una época determinada.
Cada uno de nuestros pensamientos y de nuestras reflexiones no son más que la apertura de una puerta en un espacio y en un tiempo social, en una masa de conocimientos, costumbres, tradiciones, prejuicios globales, repartidas en instantes que nos marcan como muescas donde el conjunto de estas nos forma a nosotros y nuestra manera de pensar. El hecho de superar esa puerta también es comunal y adquirido y el estado al que avanzamos ya existe.

¿Cuál es el verdadero logro de desprenderse de complejos y prejuicios adoptados cuando la forma de desprenderse de ellos y el camino por el que avanzamos es el de este ente social?

No estamos creando un camino, si no siguiendo uno ya prefijado. Cuando nuestra forma de pensar es imitada de lo que nos rodea, y todo aquello que ideamos solo parte de otras ideas ya aprendidas, sin la capacidad de pensar algo que se desconozca a nivel social, sin existir previamente en la comunidad global.

El supuesto logro de desprenderse del cascarón de piedra de una moralidad hacía otro espacio abierto de ideas y conocimientos, es un paso entre estados establecidos, con un medio para ello existente donde hasta las mismas trabas y miedos son heredados por el entorno.

Saltos entre diferentes escalones de una misma estructura ya establecida.

Tal vez como individuo no existimos, no hay una personalidad diferenciada en nosotros cuando el cúmulo de casualidades, de experiencias, de personas que nos influyen pueden repetirse tanto en otras personas como en otros tiempos, y donde podemos ser igual que otras personas.

Es cierto que el carácter, recibido por la genética, influye en el hecho de nuestra "personalidad". Una base genética enorme pero finita, pudiendo repetirse en dos individuos. Más aún cuando el entorno social es más fuerte que la genética.

Tal vez por eso tratamos de idolatrar a individuos, que entendemos como excepcionales, más allá de lo común, para no sentir que somos el mismo ser, para creernos diferentes. Ensalzamos pilotos, deportistas, escritores, como si estuvieran más allá de las posibilidades de lo común, creando un sentimiento de inferioridad ante semejantes personalidades, y tal vez con ello estemos más tranquilos, al encontrar seres tan diferentes, al pensar que hay diferencias.

Un ser social. Un número dentro de un todo indivisible.

Al igual que todo esto que escribo no es más que una idea creada, madurada y muerta, ya pensada por otros y que yo adquiero, una reflexión de un estado a otro, que tu tal vez ya has superado o estás asimilando ahora, donde no hay realmente verdad o mentira en todo esto, pues no es más que un punto de vista, la verdad o mentira, de un colectivo.