Los enanos de las cavernas árticas no hablaban su idioma, pero conversaban en su propio gorgojeo, mientras realizaban rituales incomprensibles, cuando no trabajaban en las fábricas.
Una vez al año le obligaban, entre sollozos y protestas, a adentrarse en la Noche Infinita. Durante el viaje, se acercaba a cada niño del mundo y le dejaba un regalo invisible de los enanos junto a su cama. Los niños dormían, inmóviles en el tiempo.
Prometeo, Loki, Sísifo, Judas... Les envidiaba. Tenía el castigo más duro.
Jo.
Jo.
Jo.
Neil Gaiman
Humo y Espejos
Humo y Espejos
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